"No lloré en el funeral de mi padre; lloré un mes después, cuando marqué su número por costumbre y lo dejé sonar y sonar, porque el timbre se parecía más a su voz que cualquier otra cosa que me quedara"
<ul><li>Una llamada cotidiana desencadenó un llanto que no había aparecido durante el funeral.</li><li>La neurociencia ofrece una explicación para esa reacción inesperada.</li></ul>
