La psicología dice que abrazarse seguido ayuda a proteger contra el estrés y las infecciones: un estudio de Carnegie Mellon siguió a 404 adultos durante 14 noches y halló un factor protector clave
Los abrazos frecuentes se relacionaron con una menor vulnerabilidad al efecto del estrés interpersonal. Entre quienes enfermaron, recibir más abrazos también se asoció con síntomas menos graves.
