Nunca seré una mujer feliz: un relato de Jaime Bayly
Mi madre octogenaria, que con suerte llegará a los cien años, pues está más saludable que todos sus hijos, me escribe amorosamente, con una paciencia de santa, perdonándomelo todo, y me pide que los primeros días de noviembre vaya a votar como un ciudadano responsable y no dude en hacerlo por los candidatos republicanos de derechas que ella apoya.
