Mia Heller, una estudiante de 18 años de secundaria, construyó un filtro de agua sin membrana del tamaño de una bolsa de harina, con tres módulos y una capacidad de un litro por pasada: su sensor de turbidez registró el 95,52 % de los microplásticos extraídos mediante aceite magnético
El proyecto surgió luego de que un periódico local alertara sobre la presencia de químicos externos y partículas contaminantes en el suministro domiciliario. Tras cinco prototipos, la joven desarrolló un sistema que permite recuperar y reutilizar el líquido empleado durante el proceso de separación.
