"Tengo 45 años y me di cuenta de que cuido de mi madre como si fuera una planta de interior: puntualmente, con auténtico cariño y sin mirarla realmente"
Una mujer descubrió que había convertido las visitas semanales a su mamá en una lista de tareas que cumplía casi de manera automática. Una observación de su propia hija la llevó a cambiar algo sencillo: dedicar menos tiempo a resolver problemas y más a escuchar.
